Dicen que los amores más grandes se conocen siempre por casualidad. Pero suele pasar que a veces eso resulta no ser cierto. Hay veces en que no se conocen por casualidad y hay otras, donde no se transforman en grandes amores. Esta historia aún no tiene un final, así que nos toca a cada uno averiguar a cual de éstas pertenece.
Esta es una de esas historias que no tienen ni un principio ni un fin, no tiene lugar ni duración. Esta historia ocurre en un punto del universo donde el Tiempo y el Espacio abandonaron su tarea infinita de limitar y definir lo que allí sucede, pues se sintieron ignorados por los seres espectrales que a ratos se instalan allí para ser sin interrupciones. Tal vez más de alguno de ustedes entiende de lo que estoy hablando porque también ha estado ahí. Si es así, ayúdenme a convencer a los demás de que vayan a echarle un vistazo.
Esta es la historia de dos seres que se encontraron en aquel punto a una vez, por casualidad o porque ambos se llamaron mutuamente sin siquiera saber que el otro existía. Cualquiera de las dos posibilidades nos sirve para disfrutar de esta historia, para los que la leen buscando pasar el tiempo con algo que no los haga pensar, o para quienes lo hacen buscando una pizca de magia que satisfaga su adicción al amor. En fin, les regalo la posibilidad de elegir el comienzo inexistente.
Pues finalmente allí están estos dos seres, finalmente sus miradas se han topado. Él la observa solo a ratos, su atención la tiene realmente otra silueta, que lo abruma, que lo encoge, que lo retuerce. Ella tiene sus ojos cerrados (es su forma de olvidar el ardor), solo los abre a momentos, en los que inexplicablemente se queda prendida en los de él cuando logra encontrarlos. Al principio es solo parte del nuevo paisaje. La verdad es que no esperaba encontrarse con alguien más en aquel punto difuso.
Esta mirada la penetra, la invade, la perturba, la invita. Cada vez se hace más difícil no buscar los ojos luminosos, a veces risueños, a veces melancólicos, a veces perdidos, a veces agresivos…pero siempre soñadores. Les puedo asegurar que nadie con ese vacío hubiese podido resistir. Les aconsejo no juzgar.
Al fin, ella decide aceptar la invitación a soltarse de las amarras con las que se asegura a nuestro mundo para su inminente regreso, y se desnuda totalmente para mostrar que no lleva ningún arma con la que pudiera herir. Solo lleva consigo las huellas imborrables en sus alas, de batallas recientes y antiguas, algunas ganadas, algunas perdidas.
Él le tiende su mano, ella acepta tomarlo para ponerse de pie. Él ofrece sus brazos, ella acepta ser cubierta por su envolvente calor. Él ofrece sus labios, ella acepta beber el placer que retienen. En ningún momento él ha soltado su silueta, en ningún momento ha dejado ésta de ser su principal preocupación, a veces hasta pareciera que la arrastra como a una cadena, como a una condena. Ella siempre la ve, ella siempre la sabe, ella siempre la siente, pero el vacío y las ansias no permiten evadir la ilusión.
Ella se sabe nuevamente domesticada. Él se sabe inexistente sin la silueta. Algo se resquebraja ¿lo escuchan?... es semejante al sonido de las pisadas sobre la hojarasca. “Haces lo mismo que un día a ti te mató el alma. Sal del triángulo. Solo obtendrás dolor. Sé paciente. Encontrarás lo que estás buscando”… gritan los susurros transportados por los vientos alrededor de estos seres. Ella decide soltarlo, despedirse, alejarse. Nuevamente la sensación de intemperie. A cada paso más lejos de él, el ruido ensordecer de la confusión, del caos, aumenta, enloquece.
Él se queda inmóvil. Observa la silueta que lo obliga a voltear. La mira a ella que está de frente, confrontándolo, invadiéndolo. La despedida es dulce, es intensa. La caída se amortigua en el placer. Él se queda inmóvil. Observa la silueta que lo obliga a voltear. La mira a ella que está en frente, confrontándolo, invadiéndolo, necesitándolo.
Él cierra los ojos y de un impulso de tristeza y de rabia arroja con todas sus fuerzas las cadenas lejos de él y le ordena a su silueta marcharse. Al mismo tiempo que la silueta se desvanece, él desfallece de dolor. Inaguantable, insoportable. Con una mano intenta parar la hemorragia en que se deshace su corazón y que de a poco se extiende a todo su cuerpo, reventando cada uno de sus órganos en sangre. Con la otra intenta detener el avance de ella.
Ella se detiene al instante y corre en su auxilio. Él ayudado por su risa ya se ha puesto de pie y la obliga a detenerse en un punto que no la acerque, pero que tampoco la aleje. Es a él a quien le toca avanzar. Pero no se decide a dar ningún paso, hacia ninguna dirección. Ella colapsa en impaciencia, desde ahí puede mirar el mundo a sus pies que le exige a gritos regresar. Ella no puede. Su adicción a él la obliga a observarlo, desde lejos, verlo con su cabeza gacha y la sangre que chorrea por sus brazos desnudos… pero sin avanzar.
Él levanta su cabeza al fin. Ella sonríe estirando sus brazos para recibirlo. Él da la vuelta… y corre en busca de su silueta…
Despierto en medio de luces y sombras que se turnan para pasar rápidamente por mi lado… observo desconcertada y agudizo mis oídos para entender donde estoy. Al salir del túnel recuerdo que voy camina a Santiago, que hace un par de días que no me baño y aún siento las lágrimas secas en mis mejillas.
Regreso a mi mundo después de un largo e intenso viaje de seis meses… percibo la extraña sensación de sentimientos contradictorios que ha dejado el sueño que me acaba de invadir… un sueño, fue un sueño, repito hasta convencerme… lo único que no me logro explicar es el fantasma que traigo encadenado al corazón.
martes, 25 de diciembre de 2007
HE AQUI... MI PRIMER HIJO...EL SUEÑO COMIENZA
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2 comentarios:
y la nueva parte cuando ????
Que lindo, lindo como empieza y relata la fecundacion desde un punto de vista mas conceptual, mas onirico, pero que termina lo onirico con realidad pura. En serio, me gusto mucho leer y aunque tuve que deternerme en la lectura por estar escuchando sin bandera, proseguí la lectura y resulto que la musica me dio un ambiente mucho mas ad hoc a la lectura. Te felicito desde lo más hondo.
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